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Ficha técnica
EAN 9788412806809
Encuadernación Rústica
Peso 1000
Tapa:
No definida
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De GARCÃA FITZ, FRANCISCO.
info
El lunes 16 de julio de 1212, en un paraje de Sierra Morena, las Navas de Tolosa, un ejército cruzado dirigido por el rey de Castilla, Alfonso VIII, y en el que figuraban otros dos reyes hispanos, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, al frente de los contingentes reclutados en sus respectivos reinos, las huestes de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, el Temple y el Hospital, asà como multitud de voluntarios —leoneses y portugueses, pero sobre todo miles de cruzados «ultramontanos»—, buscó batalla contra un ejército musulmán reunido para dar guerra al infiel por el califa almohade Muhammad al-Násir, prÃncipe de los creyentes. «Nunca tantas y tales armas de hierro se habÃan visto en las Españas», escribió el coetáneo canciller castellano Juan de Soria. Lanzas y espadas se trabaron, sangre y sudor empaparon gambesones y cotas de malla, relinchos y gemidos de agonÃa resonaron en los riscos, en aquel tórrido dÃa, hasta que la furiosa carga de la zaga cristiana decidió la jornada, arrasando el palenque almohade y quebrando a la guardia negra que, encadenada, defendÃa la tienda del MiramolÃn. Finalizaba una batalla que ha sido considerada como un hito decisivo en la expansión territorial castellana, que marcarÃa el definitivo retroceso de al-Ãndalus, punto de inflexión en las relaciones entre musulmanes y cristianos en la penÃnsula ibérica. Un enfrentamiento excepcional, pero que Francisco GarcÃa Fitz, medievalista señero y, sin duda, el mejor conocedor de las Navas, analiza más allá del mero prisma militar, para explicarlo dentro del marco general de la época, integrando además los aspectos polÃticos, materiales, sociales e ideológicos. Este libro, pues, no solo escruta al detalle el crucial choque —los objetivos de cada contendiente, las tácticas empleadas, sus consecuencias polÃticas y territoriales—, sino que también estudia los recursos bélicos, institucionales, organizativos e ideológicos puestos en liza, para explicarlo dentro del tablero estratégico peninsular y de su contexto histórico. Los cronistas cristianos no dudaron en presentar la firme voluntad de Alfonso VIII de enfrentarse en campo abierto al califa almohade como anhelo de venganza por su derrota en Alarcos, su manera de castigar a quienes le habÃan derrotado dieciséis años atrás. Y los cronistas árabes llamaron al choque la batalla de Al-Iqāb, una de cuyas posibles traducciones serÃa, precisamente, «la batalla del castigo». Si en el ámbito cristiano la carga de los tres reyes resonó como heraldo que anunciaba la derrota definitiva del islam, la batalla fue considerada por los musulmanes como la «causa de la ruina de alÃndalus ». TodavÃa hoy, en las páginas de este libro, seguimos escuchando los ecos de las Navas.